Y todo por un beso

12 07 2013
Si apasionado, puede desatar una auténtica conmoción en el organismo.

Un beso apasionado puede desatar una auténtica conmoción en el organismo.

Por Susadny González Rodríguez

Decía Chaplin que una sonrisa cuesta poco y produce mucho. Su filosofía abarca también esa expresión social de saludo, respeto, amor… a la que la literatura y el folklore le concedieron el poder de romper el hechizo del sueño eterno.

   Símbolo de anuencia -la tradición clásica solía sellar con él los contratos-, mesurado por convencionalismos o motivo de escándalo para el cristianismo de la Europa feudal, constituyó modo de protesta desde el siglo XVIII. Naturalizado por los medios de comunicación, el beso se despidió de su carácter íntimo, y desde los primates -lo utilizaron para alimentar a sus crías- hasta acá ha derivado en acto tan cotidiano que se suele subestimar su función terapéutica, cuando basta un roce de labios para descubrirnos vivos. Al menos así lo exaltaron en sus cuentos infantiles los hermanos Grimm. Y lo ratificó mucho después una pareja tailandesa.

   Al dar el beso más largo hasta entonces -46 horas 24 minutos y 9 segundos-, el 13 de abril de 2011, reservaron ese día del calendario para reverdecer, a nivel internacional, el placer a veces postergado que provee esta forma de contacto; y de paso impugnar los prejuicios impuestos por ciertas sociedades. Precisamente la historiografía recuerda al intolerante duque de Venecia, Pietro Landó, quien por el lejano siglo XI decapitó a su propio hijo por el “delito” de besar a una doncella en público. Hubo comunidades donde resultaba impropio espetarle un ósculo a la dama sin antes haber hablado de matrimonio. Tal vez este fue el origen de uno de los momentos climáticos de las ceremonias nupciales en la actualidad.

   Varias teorías sugieren que su expansión se debió a la combinación cultural entre Grecia y la India durante las campañas militares de Alejandro Magno. A ese último país se le reconoce haberlo asentado en las letras, gracias a la epopeya mitológica Mahabharata. De manera precoz, La Odisea y los versos de Ovidio aluden al beso como manifestación de afecto o admiración. Shakespeare simplemente lo tonifica con una concepción más romántica. De los episodios evangélicos trascendió el que Judas Iscariote diera a Jesús, en el momento que lo delata; por eso representa la traición.

De los episodios evangélicos trascendió el que Judas Iscariote diera a Jesús, en el momento que lo delata; por eso representa la traición

De los episodios evangélicos trascendió el que Judas Iscariote diera a Jesús, en el momento que lo delata, por eso representa la traición

  Su multiplicidad de significados enseguida devino inspiración para artistas del lienzo: Hayez, Klimt, Picasso, Chagall, Munch. Mientras en la escultura descuella la famosa pareja moldeada por Auguste Rodin. Resultaría imperdonable eludir la conocida fotografía que Alfred Eisenstadt tomó en aquella multitud congregada en Times Square para celebrar el fin de la segunda Guerra Mundial. Según cuenta el freelance en su libro de memorias, en medio del jolgorio decidió seguir a un eufórico marinero que “andaba sonriente, abrazando y besando a cuanta mujer le pasaba por el lado”. Se concentró en la enfermera y “como era de esperarse, el marinero se acercó, la tomó en sus brazos y la besó”. El efusivo empalme duró lo suficiente para que Eisenstaedt obturara su Leica cuatro veces hasta encuadrarlos en el ángulo perfecto. El 27 de agosto la revista Life publicaba en su portada la instantánea, en la cual resaltaba el poderoso contraste del blanco y negro de sus uniformes.

La famosa fotografía captada por Alfred Eisenstad, en pleno Times Square

La famosa fotografía captada por Alfred Eisenstad, en pleno Times Square

Besos de películas

El cine simplemente lo estandarizó. Desde que, en abril de 1896, Thomas Edison lo atrapara para su filme The Kiss, la gran pantalla nos ha regalado antológicas demostraciones. A petición del diario New York World, la flamante Edison Manufacturing Co. recreó la escena final del exitoso musical La viuda Jones, representado en Broadway. La escena, rodada en sus estudios de New Jersey, duró unos 20 segundos, se repitió tres veces, y escandalizó a la santurrona burguesía de entonces.

   Con clasificaciones bastante sui géneris, varios artículos aluden a algunos de ellos. En términos de iniciación se cita a Mi chica, un melodrama por la cuerda de la inocencia, que relata el “primer beso” de la pequeña Vada con su mejor amigo. El “de animados” recae sobre dos emblemáticos canes unidos por cuenta de un espagueti en La dama y el vagabundo. Menos casual y con cierto misticismo es el llamado “beso despertador”, con el cual los príncipes eximen del sueño eterno a Blancanieves y la Bella durmiente.

   El escenificado por Demi Moore y Patrick Swayze en Ghost se considera uno de los más sensuales. El “pasado por agua” se da en El diario de Noa, cuando en medio de un aluvión Allie se entrega en los brazos de su entrañable tras descubrir que le ha escrito 365 cartas de amor, una por cada día del año. Bajo la lluvia vale mencionar el de Desayuno con diamantes o la electrizante escena que Woody Allen nos regala en Match Point. Ya como preludio al fatal desenlace de la cinta Titanic, Jack y Rose protagonizan sobre la proa del trasatlántico el denominado “beso trágico”.

la cinta Titanic, Jack y Rose protagonizan sobre la proa del trasatlántico el denominado “beso trágico”.

En la cinta Titanic, Jack y Rose protagonizan sobre la proa del trasatlántico el denominado “beso trágico”.

   Aseguraba el escritor francés Guy de Maupassant que un beso legal nunca vale tanto como uno robado, certeza que valida Clark Gable en su rol de galán, cuando somete a la rebelde señorita Scarlett (Vivien Leigh) en la compleja y apasionada relación de Lo que el viento se llevó. Otro icono de la cinematografía mundial es el drama De aquí a la eternidad, donde el sargento Burt Lancaster y la esposa del capitán, Deborah Kerr, se procuran, derribados sobre la arena de una playa, el más tórrido y adúltero de la historia del séptimo arte. A Casablanca, por supuesto, le debemos además de su impecable guión, con frases imborrables dentro del imaginario colectivo, la secuencia de esa emotiva despedida en la que el beso de sus protagonistas se vuelve elegancia.

el más tórrido y adúltero de la historia del séptimo arte.

En De aquí a la eternidad se da uno de los besos más tórridos y adúlteros de la historia del séptimo arte.

   La lista resultaría interminable como besos se han grabado. Hablando de cantidad, el filme Don Juan se lleva el récord, con 191 en total (otras fuentes cuentan solo 127). El más largo acontece dentro de Ahora estás en el ejército –185 segundos, el cuatro por ciento de lo que dura el metraje-; aunque algunos sitios digitales señalan a Alfred Hitchcock como el responsable de este apartado, con su thriller Tuyo es mi corazón, donde, para burlar a los censores del beso “excesivo y lujurioso”, exigió a Ingrid Bergman y a Cary Grant trasladarse por la escenografía, intercalando los “mates” con susurros y miradas a los ojos.

   Concordemos con un cronista de Página 12 en que a estas alturas el celuloide ha convertido “ese choque de cabezas en un momento anémico y estático”. Pocos invierten la pasión que el maestro del suspense ponía en filmarlos, al estilo de La ventana indiscreta, donde la cercanía del rostro de Grace Kelly devuelve a la conciencia a James Stewart. Ya el beso se resiente de fuerza como motor dramático para sugerir lo implícito, la culminación de una tensión. Quizás entre tanto diálogo y desnudos se haya diluido su encargo de hacer vibrar al público ante el dilatado encuentro.

sus protagonistas se vuelve elegancia

El beso hecho elegancia en Casablanca

Besoterapia

Tantas maneras diferentes de besar existen como motivos o fecunda sea la imaginación. Los mafiosos suelen anunciar la muerte de alguien besando en la mejilla -tal se ve en El Padrino-, mientras que ciertos varones rusos acostumbran hacerlo entre sí en la boca como saludo. Solamente el Kamasutra, la enciclopedia de la sexualidad, refiere casi 30 tipos. Desde la salud, se dividen de acuerdo con el lugar, la duración y el intercambio de saliva. Por ejemplo, los secos o sociales (el mariposa o esquimal) suelen ser muy breves. Están los populares de “piquito” o el francés, un tanto más intenso, largo y húmedo; y los de elevado contenido erótico, si las intenciones son más ambiciosas.

   Por habitual se suele pasar por alto que esta bendita coalición deviene remedio natural con escasas contraindicaciones. Si bien parece un ejercicio fácil, supone una compleja actividad entre elementos anatómicos y de respuestas fisiológicas. El órgano más implicado es el cerebro; allí se desencadenan reacciones bioquímicas que producen una perturbación. En el acto se fusionan al menos tres sentidos (el gusto, el olfato, el tacto) y, al ser la boca la parte más móvil del cuerpo, activa 34 músculos, por solo 12 si se da en la cara.

   Solo sus propiedades relajantes disminuyen la formación de arrugas y estimula la regeneración de la piel. No existe mejor antídoto para la depresión, pues libera endorfinas -generan sensación de placer-, y mientras más apasionado, mayores sus virtudes analgésicas -se le suele imputar un efecto superior al de una pequeña dosis de morfina-. A su vez constituye una práctica alucinante para conservar la línea. Estiman expertos que permite quemar hasta 12 calorías. Además, favorece el sistema inmunológico y la circulación.

Solamente el Kamasutra, la enciclopedia de la sexualidad, refiere casi 30 tipos

Solamente el Kamasutra, la enciclopedia de la sexualidad, refiere casi 30 tipos

   Alrededor de 40 mil microorganismos cambian de dueño cuando suministramos un beso, afirman científicos, lo cual disminuye el nivel ácido que causan las caries. Y pueden prolongar la esperanza de vida. Una investigación demostró que los hombres que besan a sus esposas en la mañana corren menos riesgo de enfermedad, de accidentes de tráfico y viven cinco años más.

   Dentro de la relación componen el 80 por ciento del ritual amoroso. Atención, si su pareja “se pasa con fichas” dé rienda a la sospecha: puede que algo no esté funcionando. Tan revelador es, que la neurocientífica Wendy Hill descubrió que la saliva de ese canje permite evaluar si estamos ante la persona idónea; o sea, la química no es un mito. Cuando besamos a nuestra “media naranja” se reducen los niveles de cortisol y por ende el estrés. Lograr la idealizada comunión entre la mente y la atracción física a través de un beso supondría una abrumadora conmoción, comparable, en el criterio de biólogos, a una sobredosis de anfetaminas. El cuerpo se inunda de estrógeno y testosterona y la sangre viaja a partes sensibles de la anatomía. Razón no le faltaba a Freud cuando dijo que la boca es el primer lugar donde se asienta el deseo sexual.

   Tampoco se trata de azuzar la filemamanía (nombre científico que recibe el deseo de besar). Aunque la balanza se ladee hacia los beneficios, no deben obviarse enfermedades contagiosas. Aun así siempre pululan los amantes de los récords, como el estadounidense A. E. Wolfram, quien en 1990 besó a 8001 personas durante las ocho horas que duró el curioso festival. Sepa que en 2012 el listón del más largo subió a 50 horas.

   Entonces, si no fue prevenido del 13 de abril, Día Internacional del Beso, puede seguirle el juego a los ingleses y cobrar o pagar retroactivamente el 6 de julio, justo cuando celebran la jornada del Beso Robado. Pero cuidado. Recuerde lo que canta Joaquín Sabina: lo malo de ellos es que crean adicción.

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