El motor del desarrollo futuro

19 07 2013
Mercosur debe erigirse en “un gigantesco mercado y espacio común para defender nuestra economía

Mercosur debe erigirse en un gigantesco espacio para defender las economías del Sur

Por Susadny González Rodríguez

Proyecto inacabado, ambicioso al punto de querer incluir en su seno a la América toda, con logros tangibles y retos monumentales en el contexto del agonizante capitalismo hegemónico, el Mercosur corroboró en reciente cumbre celebrada en Montevideo que la mejor forma de honrar a uno de sus promotores, Hugo Chávez, tiene que ser desde una perspectiva de integración.

Aun con su sistémica decadencia,  el Norte revuelto constituye un desafío para las naciones que habitan el planeta, si bien la azarosa vecindad probablemente convierta a “nuestra Mayúscula América” -como la calificara el Che- en el “sur político del hemisferio occidental”. Digamos que para escapar de la contraofensiva plutocrática-imperialista es preciso reducir esa dependencia financiera reforzada en décadas y vigente todavía, en muchas de las formaciones socioeconómicas de los países del Río Bravo a la Patagonia, unos más asidos que otros a la política exterior de Washington.

Esa sumisión persiste, ya sea en el orden comercial, de las exportaciones, en materia tecnológica o, como diría un articulista en Rebelión.org, por la “institucionalidad regional y global subordinada al interés de esos capitales transnacionales sin importar su origen”.

¿Entonces? Necesita la región concertar políticas macroeconómicas y sectoriales, armonizar legislaciones en las áreas pertinentes, al margen de la voluntad oficial de la Casa Blanca y del orden que prevalece, a fin de ganar la unión. “Hemos vivido siglos de espaldas hacia nosotros”, señalaba el presidente anfitrión, José Mujica como reconociendo que es la hora de mirarse, enfrentar y revertir, partiendo de transformaciones internas, toda una institucionalidad prevaleciente desde la guerra fría, la cual coloca a EE.UU. y Europa en condiciones colonizadoras sobre las naciones libres del continente.

Es en este escenario donde el Mercosur debe erigirse en “un gigantesco mercado y espacio común para defender nuestra economía y para darnos personalidad persuasiva en el mundo que va a venir”, agregaba Mujica. La reciente incorporación de Bolivia al bloque como miembro pleno, de Guayana y Surinam (estados asociados), y el cese de la suspensión de Paraguay  definen un entorno favorable para enrolarse en discusiones profundas.

Más ahora, bajo la presidencia pro témpore de Venezuela, que ya se estrena con la convicción de convertir al grupo en “el gran motor de la unión y del desarrollo económico del futuro de América Latina y el Caribe”, tal expresó Nicolás Maduro. En ese empeño, anunció,  “hemos decidido crear la zona económica de PetroCaribe y hemos propuesto la articulación económica y comercial de Mercosur con esa zona en construcción para que el Caribe esté más unido a nuestra Sudamérica”.

Le asiste el deber, corroboraron sus miembros, de sumergirse desde una óptica multidimensional en la adopción y puesta en marcha de estrategias públicas enfocadas a superar las brechas de desarrollo. Como también la defensa de libertades fundamentales que no han de tolerar provocaciones a la soberanía, semejantes a la bochornosa genuflexión con que países europeos atentaron contra la vida del Evo Morales, o a la prepotente “curiosidad” expiatoria del Tío Sam.

Latinoamérica está emplazada a “impedir que las diferencias políticas e ideológicas, las asimetrías económicas y sociales, los estrechos intereses nacionales y la injerencia de potencias extrarregionales se sobrepongan al genuino interés común de construir la gran patria latinoamericana y caribeña por la que lucharon los próceres del siglo XIX”, como enunciaba en la cita Ricardo Cabrisas, vicepresidente del Consejo de Ministros de Cuba.

En momentos en que se hace historia en las calles, retumba con fuerza telúrica la desobediencia cívica a las locomotoras neoliberales, y despabila una juventud presuntamente apolítica, este proyecto está abocado a radicalizar el camino, sin desatender a los actores que avanzan en el siempre zigzagueante proceso de organizar sus esperanzas, al decir del investigador Luis Suárez, y que a larga tienen la misión de trazar el curso de su destino.

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