La rebelión de los plebeyos

20 11 2013
Por primera vez en la historia chilena dos mujeres con proyectos distintos se disputan los destinos del país

Por primera vez en la historia chilena dos mujeres con proyectos distintos se disputan los destinos del país

Por Susadny González Rodríguez

En menos de un mes -el 15 de diciembre- la nación austral votará “por dos modelos de país: el cambio o el continuismo”. Aunque la autora de la categórica frase, la futura mandataria -como todo indica-, Michelle Bachelet, no obtuvo en primera vuelta la mayoría absoluta para acceder otra vez a La Moneda, el 46,67 por ciento conseguido sobre su contendiente Evelyn Matthei (25) le permitió avanzar al balotaje para luego concretar “el cambio” prometido en campaña: una reforma educativa, tributaria y constitucional.

Las claves de su victoria las ofrece el analista Carlos Huneeus, basando su triunfo en la distancia que la pediatra mantuvo con los partidos de su coalición al término de su mandato (2006-2010); esto, agrega, unido a la conexión que tiene con las masas. Claro, la representante de la Nueva Mayoría -un abanico de alianzas que incluyen sectores de la Concertación, demócratas-cristianos, el Partido Comunista- tuvo el tino de ajustar su programa al clamor de un pueblo que ya estremeció al stablishment capitalista.

Todo lo contrario de Matthei, que leal a su postura derechista abrazó el estandarte neoliberal, reivindicó la figura de Pinochet e incluso exaltó los logros de la gestión del saliente Sebastián Piñera. Y pagó por ello. Tal describió el semanario The Economist, “Chile se está convirtiendo en un hervidero de insatisfacción, con llamados a desechar el modelo de libre mercado…”.

Más allá de la apatía, el individualismo extremo, la enajenación, el propio sistema -prometió y no cumplió- hizo quebrar el silencio de los “corderos”. El hartazgo pasó factura en esta elección voluntaria. También el voto castigo por las demandas insatisfechas en el anterior periodo de la Bachelet. La reveladora crisis de representatividad de los partidos se expresó en el 44 por ciento de abstención registrado -de los 13 millones de ciudadanos empadronados, menos de siete millones votaron-. Mientras, el sector juvenil anuncia que no votará en diciembre. Una tendencia manifiesta en las municipales de 2012 -60 por ciento de abstención-, lo cual patentiza, de acuerdo con el informe de Latinobarómetro, que en la nación andina la política está siendo tragada por el “agujero negro” de la indiferencia, rémora del trauma generado por la dictadura.

Se rejuvenece el Congreso

Otras singularidades exhibió el proceso además del hecho inédito de que dos mujeres disputen la primera magistratura. La sexta elección presidencial desde el retorno a la democracia tuvo récord de aspirantes: nueve, un síntoma de la atomización de las fuerzas. Con la derecha apaleada y la izquierda fragmentada, resulta evidente que los protagonistas de la Revolución de los Pingüinos y del movimiento de 2011 se fraguaron la oportunidad histórica de llenar el vacío institucional con sus ideas de renovación estructural, sin maquillajes.

Convirtieron el ciclo de Piñera en el más impopular de los últimos 20 años, demostrando que detrás de ese paraíso de la especulación y el crecimiento macro publicitado por ciertos gurúes, habita la bochornosa desigualdad. Ahora, después de 40 años, sus gritos se escucharán en el Congreso. De una lista electoral compuesta en más de 32 por ciento por menores de 35 años para integrar la Cámara de Diputados, arriban al legislativo cuatro de los rostros más visibles de las rebeliones: Giorgio Jackson, Camila Vallejo, Karol Cariola y Gabriel Boric, promotores de la educación  gratuita y de calidad como antesala de la democracia. Abogan también por otra Constitución, despojada del hedor pinochetista que rezuma la vigente, a pesar de las reformas en dos décadas.

Otro es el escenario que enfrentará la venidera mandataria. Al tomar simbólicamente la sede la Nueva Mayoría, los estudiantes – que no perdonarán olvidos- esbozaron sus desafíos: “Los cambios no están en La Moneda, están en las grandes alamedas”. Como diría un analista en Rebelión: “hasta el palco mejor cementado cede cuando se inquieta la galería sin butacas de los plebeyos”.

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