La diplomacia de los cañones

16 05 2014

Por SUSADNY GONZÁLEZ RODRÍGUEZ

En materia de relaciones bilaterales entre vecinos, sobran motivos susceptibles de azuzar la hoguera de la discordia. Imagine la dimensión de la “bronca” si lo que está en disputa es el mar. Sí, ese charco rayano con el horizonte, devenido añorada heredad para los bolivianos, que, asfixiados por su mediterraneidad vivirán, si el largo -135 años-, perenne encierro, dependiera ahora mismo de Chile.

La pugnada esperanza por acceder al océano prohibido la ultimó recientemente el canciller chileno Heraldo Muñoz, cuando al pasar por alto aquel viejo proverbio de “la diplomacia consigue más triunfos que los cañones” dio por “cerrado para siempre” el derecho de Bolivia a respirar con soberanía al Pacífico. Tajante, el jefe de la diplomacia austral ¿olvidó? un detalle que hace la diferencia: la demanda boliviana, dizque “inconducente” e “improductiva”, no la resuelve un ministro, sino la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que, ¡que hay esta vez!, y se sale con otro de sus fallos salomónicos.

Pero cuánto hay de olvido en este portazo de Muñoz ante la solicitud del litoral, posición que, de paso, representa la postura del gabinete de la mandataria Michelle Bachelet, muy a pesar de la confianza puesta en la pediatra por su homólogo Evo Morales, en marzo pasado: “un gobierno democrático y socialista puede hacer realidad este derecho en pleno siglo XXI”, como lo intentó en los 70 el dictador Pinochet.

Las categóricas declaraciones del funcionario rememoran la llamada “diplomacia de cañonero”, ese eufemismo -enraizado por el imperialismo occidental- sobrevenido estrategia siempre en bogadentro de la política exterior norteamericana, en función de su hegemonía global. Agorero de la desilusión, el diplomático no solo sepultó toda posibilidad de reenfocar las relaciones entre ambas naciones con un “menos va a ocurrir ahora” que sentenció sin ambages a la cadena CNN. Cuestionó además el sustento jurídico de la queja, lo cual entronca con opiniones de analistas que piden a Chile solicitar la incompetencia La Haya, pues esta instancia solo puede pronunciarse sobre conflictos posteriores a 1948, año en que se fundó gracias al Pacto de Bogotá.

La nación altiplánica pide a los “árbitros” internacionales el reconocimiento de su derecho al mar, la devolución soberana del territorio que perdió en la Guerra del Pacífico (1879-1883) y requiere una negociación de buena fe con su par, para llegar a un pronto acuerdo. Aferrada a la ilegitimidad del Tratado de Paz y Amistad firmado entre ambos países en 1904 -consagró la conquista chilena del litoral boliviano-, que estableció las fronteras actuales, Bolivia presentó en la Corte una memoria histórica de 200 páginas con todos los “actos unilaterales” que considera incumplimientos de Chile. La presentación terminó por enfriar las negociaciones que durante años impulsó la cancillería de La Paz, durante el primer mandato de la Bachelet.

Ofendido por el arresto de haber ventilado el pleito en el alto tribunal holandés Muñoz declaró al diario El Mercurio: “Habríamos estado dispuestos a reponer la agenda de 13 puntos que incluye en su punto seis la aspiración marítima, y a tener un diálogo de buena fe y sin condiciones”. Siempre nos quedaremos con la duda de lo que pudo ser, aunque la arrogante indiferencia patentada por la administración de Sebastián Piñera tampoco arrojó muchas luces al proceso, más ben las relaciones, quebradas desde 1978, pasaron de gélidas a nulas. Y los sueños de terminar la “reclusión” se diluyeron en un mar, pero de soberbia.

Como se dice en el argot deportivo, la pelota ahora está en terreno contrario, y Santiago ya se prepara para contrarrestar. Según adelantó el canciller, especialistas se reunirán con la presidenta “para aunar criterios” y decidir luego “si se presentan las excepciones preliminares”, hasta el 15 de julio, de lo contrario, tendrán que presentar su contramemoria antes del 18 de febrero de 2015.

Pero ojo, como reza un refrán popular: Chile tiene el candado de la salida al mar, y Perú tiene la llave. Lima ha solicitado una copia de la demanda boliviana, pues de concretarse un acuerdo tendría voz en este litigio, donde ellos se juegan intereses nacionales. En opinión del historiador Antonio Zapata “al Perú sí le conviene que Bolivia salga al mar, para que se estabilice una frontera que lo involucra”, y la mejor opción sería por el puerto de Arica, sin romper la sobrellevada vecindad (entre Chile y Perú) que “la historia muestra como garantía de la paz internacional”, aun cuando acaban de resolver sus pendientes también en el seno de la CIJ.

Convengamos: enfrentar dos procesos judiciales en menos de una década impacta a cualquiera. A estas alturas Chile no puede subestimar a Bolivia. Su adscripción al Pacto de Bogotá le obliga a enfrentar el diferendo, aunque mientras llegue el día del juicio final sus políticos endurezcan posiciones, radicalicen discursos, apelen a la rancia estratagema de la democracia de los cañones.

 

 

 

 

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