Profesión a prueba de balas

28 06 2012

En México, la verdad se paga con sangre

 

Por Susadny González Rodríguez

Cuenta la leyenda que en la Antigüedad los mensajeros incas perdían la vida si las nuevas que traían no agradaban a su rey. Los “mensajeros” de la nación “azteca” actual parecen correr la misma suerte. Solo que ahora los cárteles -proclaman con cuerpos inocentes el control sobre las plazas de tráfico- son quienes coartan la ya mítica libertad de expresión. La nota roja copa como nunca las páginas de los diarios. Y muchos profesionales de la prensa han tenido que hacer del anonimato su chaleco protector. No son tiempos para estar detrás de la exclusiva. Allí el periodismo está muy lejos de ser “vigía que lo desentierra todo”, como diría José Martí, porque la verdad se paga con sangre.

Cómo explicarnos que en el conflicto armado más aciago de la historia contemporánea, la Segunda Guerra Mundial, hayan muerto 68 periodistas, y en un país oficialmente en paz ya se registren más de 80 homicidios, además de las desapariciones y atentados a instalaciones de los medios en la última década, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos. El ominoso panorama hace pensar que los comunicadores mexicanos son corresponsales de guerra. Pero esos van, están unos meses y regresan a su casa. “Nosotros vivimos permanentemente en zona de conflicto”, asegura Marcela Turati, fundadora de la organización Periodistas a Pie. Solo países del Oriente Medio -en auténticos conflagraciones- sobrepasan la cifra de profesionales asesinados.

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La guerra inducida

8 03 2012

La mediatizada batalla contra las drogas constituye la línea estratégica del Gobierno mexicano, sin otro resultado que el aumento de la violencia

 

 Por Susadny González  Rodríguez

Quizás México no es un Estado fallido, como se publicita, pero sí un Estado heredero de problemas históricos, con un movimiento por la paz estancado e incluso partidos progresistas a los que más de uno achaca no estar a la altura del drama sangriento impuesto por el narcotráfico, flagelo al cual la administración vigente antepone una guerra mediatizada.

Claro, la violencia derivada del trasiego no solo frena el desarrollo del país o eleva la tasa de mortalidad; también podría servir de ardid para una invasión militar norteamericana. En el afán por legitimar el conflicto, la visión de “terroristas internacionales” se extiende al punto que los narcos locales -como los “terribles” árabes- asumen el papel del villano en boga dentro de la maquinaria hollywoodense.

En un artículo de la digital Rebelión, el periodista Cuauhtémoc Contreras define la situación como una dictadura de derecha apoyada en una guerra inducida. Criterio que se explica con el accionar del presidente Felipe Calderón. Según diversos analistas, con el interesado visto bueno de la Casa Blanca el mandatario dio pie a una situación de emergencia para diluir la oposición a su régimen. La política fue sustituida por las balas, convenientemente. Y su discurso fue variando. Primero acabaría con los famosos carteles, luego con la violencia de los capos, y finalmente se pronunció por un mejor estado de derecho.

Aunque probablemente ocurra un ínfimo descenso de la actividad criminal durante el período electoral, observadores advierten sobre una generalización de la violencia, pues, aducen, la supervivencia del gabinete depende de la constancia del conflicto.

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