La mano sucia de Chevron

26 09 2013
Correa aseguró que Chevron utilizó “técnicas anacrónicas para envenenar nuestras tierras y llenarse los bolsillos”

La petrolera utilizó “técnicas anacrónicas para envenenar nuestras tierras y llenarse los bolsillos”

Por Susadny González Rodríguez

Un auténtico Chernobyl de la Amazonía, así catalogó el presidente Rafael Correa, el calamitoso panorama de muerte y deterioro ecológico que legó la multinacional Chevron a las comunidades originarias, tras casi 30 años de usufructo.

Enfocada en enjugar su imagen, la petrolera norteamericana diseña una estrategia para “evadir responsabilidades e intentar endosar su condena al Estado ecuatoriano y a sus ciudadanos”, según denunció el canciller Ricardo Patiño en el marco de la Asamblea General de la ONU. Todo con el objetivo de “desconocer un millonario fallo judicial por contaminación ambiental”.

La transnacional fue condenada a pagar 19 mil millones de dólares como indemnización por la huella funesta que su filial Texaco estampó en la región entre 1964 y 1992. La demanda, sustentada por tres mil indígenas y colonos, sacó a la luz la desidia: “entre 18 mil millones de galones de residuos petroleros y productos químicos venenosos se vertieron en los ríos que se conectan al Amazonia”. Sin embargo, en una treta para eludir el escándalo, ahora pretende transferir la culpa a la estatal PetroEcuador, que según sostiene el mandatario nunca tocó estos pozos”.

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“Sólo un Dios nos puede salvar”

18 01 2012

O cambiamos de rumbo o nuestra civilización pone en peligro su futuro.

Por Leonardo Boff* (Tomado de Adital)

Esta frase no viene de ningún papa, es de Martin Heidegger (1889-1976), uno de los más profundos filósofos alemanes del siglo XX, en una entrevista concedida al semanario Der Spiegel el 23 de septiembre de 1966, pero solamente publicada el 31 de mayo de 1976, una semana después de su muerte. Heidegger siempre fue un atento observador de los destinos amenazadores de nuestra civilización tecnológica. Para él la tecnología, como intervención en la dinámica natural del mundo para beneficio humano, ha penetrado de tal manera en nuestro modo de ser que se ha transformado en una segunda naturaleza.

Hoy en día no nos podemos imaginar sin el vasto aparato científico-técnico sobre el cual está asentada nuestra civilización, pero está dominada por una compulsión oportunista que se traduce en la fórmula: si podemos hacerlo, también nos es permitido hacerlo sin ninguna otra consideración ética. Las armas de destrucción masiva surgieron de esta actitud. Si existen, ¿por qué no usarlas?

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